La morena sin vergüenza le chupa la polla hasta dejarlo seco
La morena de ojos marrones llegó al barrio con ganas de joder y no tardó en fijarse en el tipo más bueno de la cuadra. Cada vez que lo veía, se mordía los labios y le lanzaba miradas de puta que dejaban claro lo que quería. Un día, cuando él salió a sacar la basura, ella se le acercó con un vestido ajustado que apenas cubría su culo redondo y sus tetas firmes. Sin decir nada, se arrodilló y le bajó el pantalón con las manos temblorosas, dejando al descubierto su polla dura como roca. Empezó a chupársela con una técnica de experta, moviendo la lengua por el glande y tragando hasta el fondo, mientras él le agarraba el pelo y gemía como un animal. El sonido de sus labios chupando y el ruido de saliva llenaban el aire, y ella no paraba de mirarlo con esos ojos de puta que lo volvían loco. Cuando sintió que estaba a punto de correrse, ella aceleró el ritmo, metiéndose la polla hasta la garganta y apretando sus tetas alrededor del tronco. Él no aguantó más y le explotó en la boca, llenándole la lengua de leche caliente. Ella tragó todo sin perder la sonrisa, limpiándose los labios con el dedo y guiñándole un ojo antes de irse, dejando claro que esto no había terminado.