La musa del carnaval se entrega a sus cuñados mientras su marido trabaja
Esa tarde en el apartamento de Josimartins, el calor de la ciudad se colaba por las ventanas mientras la musa del carnaval, con su cuerpo de infarto, se retorcía entre las sábanas con sus cuñados. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo sus tetas rebotaban con cada embestida, cómo sus gemidos se ahogaban contra la almohada para que nadie escuchara. Imagínate el riesgo: en cualquier momento el marido podía regresar, y ellos seguían follando como animales, sus cuerpos sudorosos chocando contra la pared. Ella, con el coño empapado, se montaba sobre uno mientras el otro le mordía los pezones, sus manos apretando ese culo redondo que tanto deseaban. El sonido de la puerta al abrirse los paralizó por un segundo, pero el miedo solo los excitó más, follando más rápido, más fuerte, hasta que ella se corrió gritando en silencio, sus paredes vaginales apretando la polla de Josimartins como si no quisiera soltarlo. Cuando terminaron, el marido entró y solo vio a su esposa sudando, con la ropa desordenada, pero con una sonrisa culpable que lo dejó helado.