La piscina no fue suficiente, así que nos follamos en la playa
La piscina del condominio ya no nos bastaba, así que decidimos llevarnos la fiesta a la playa, donde la arena caliente y el sonido de las olas nos dieron el escenario perfecto para dejar salir toda nuestra lujuria. Ella llevaba un bikini diminuto que apenas cubría su coño mojado, y yo no pude resistir el impulso de arrancárselo con los dientes mientras la empujaba contra la arena. Mis manos apretaban sus tetas firmes mientras mi polla dura se hundía en su culo, haciendo que gimiera fuerte cada vez que la embestía con fuerza. El agua fría de las olas no apagaba el calor de nuestros cuerpos, y cada gemido suyo me volvía más salvaje, clavándole los dedos en las caderas mientras la penetraba sin piedad. Su coño apretado se contraía alrededor de mi verga, y sus uñas se clavaban en mi espalda mientras me suplicaba que no parara. El sonido de las olas cubría nuestros jadeos, pero no podía ignorar cómo su cuerpo temblaba bajo el mío, lista para correrse. Cuando por fin me corrí dentro de ella, su coño se inundó con mi leche caliente, y ambos nos dejamos caer sobre la arena, exhaustos pero satisfechos. La playa se convirtió en nuestro lugar secreto, donde el placer no tenía límites y cada encuentro era más intenso que el anterior.