Lina Sun, la rubia de 22 años, se traga el semen después de una follada salvaje
Llevo días imaginando cómo sería tenerla así, con sus piernas temblorosas abiertas y su coño rosado brillando de lo mojada que está. La tensión entre nosotros era insoportable, cada mirada robada, cada roce casual en la cocina o el pasillo, solo aumentaba el deseo. Hoy no aguanto más y la empujo contra la pared, mis manos agarran sus nalgas pequeñas y firmes mientras ella gime, sus uñas se clavan en mis hombros. La levanto de golpe y la siento en la mesa, sus muslos se abren como un libro, mostrando esa panocha perfecta, depilada y palpitante. Mi polla entra de una estocada, hasta que sus caderas chocan contra mí, y ella grita, sus paredes vaginales se aprietan alrededor de mi verga como si no quisieran soltarme. La empotro contra el mueble, cada embestida más fuerte, más profunda, hasta que sus gemidos se convierten en un llanto de placer. Cuando la pongo de rodillas, sus labios carnosos se abren para recibir mi leche caliente, tragando hasta la última gota. La próxima vez, pienso en follármela en la ducha, donde el agua correrá por su cuerpo mientras la hago gritar de nuevo.