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Madrastra caliente atada se corre en el coche

20:30 1080P 0 Culos
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La putita de su hijastro no podía aguantarse más con esas tetas enormes rebotando cada vez que él aceleraba en la carretera. Ella llevaba semanas mirándolo de reojo mientras manejaba con esos shorts ajustados que le marcaban el culo prieto, y hoy por fin se había decidido a soltarle la verdad: que su boca de puta no podía dejar de babear por esa polla monstruosa que le colgaba bajo el pantalón. La muy zorra se dejó amarrar las muñecas con una correa de cuero en el asiento trasero, gimiendo como una perra en celo mientras él le arrancaba la blusa para dejar al descubierto esos pechos gigantescos que le pedían a gritos que los apretara. Él le escupió en la boca antes de empotrarle la verga hasta el fondo del coño, haciéndola gritar como una loca mientras el coche se sacudía con cada embestida brutal. La cabrona se retorcía de placer, con el culo bien abierto para recibir esa verga que le llenaba hasta las entrañas, y no tardó en empezar a babear por todas partes: saliva en su cara, leche en sus tetas y sudor en cada centímetro de su piel. Él le agarró del pelo para que no se moviera y le metió la polla hasta la garganta, ahogándola con sus gemidos mientras sus tetas rebotaban sin control. La perra no pudo aguantar más y se corrió con un grito ahogado, empapando el asiento con sus jugos mientras él le soltaba una descarga de leche hasta dejarle la garganta llena. Después de vaciarse dentro de ella, la muy puta no quiso que parara y se puso a cabalgarle al revés, con el coño bien abierto para que él le escupiera en la cara y le metiera los dedos hasta que no pudo más. El hijastro le dio la vuelta y la empotró contra la puerta del coche, haciendo que el espejo se llenara de marcas de sus uñas mientras ella se corría otra vez, esta vez con la polla enterrada hasta las pelotas. Al final, entre babas, gemidos y leche por todos lados, la madrastra quedó hecha un trapo, con el pelo pegado a la frente y el coño más que usado, pero sin poder dejar de sonreír mientras él le limpiaba los restos de corrida de su cara con la lengua.

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