Maya Woulfe se venga chupando la polla de su hermanastro Chad Alva
La habitación está en penumbra, solo la luz tenue de la lámpara ilumina el cuerpo de Maya Woulfe, que se muerde el labio mientras te mira fijamente. Sabes que perdió la apuesta, pero eso no le quita el brillo de desafío en sus ojos. Te acercas, le agarras el pelo con fuerza y le acercas la cara a tu polla dura, sintiendo cómo su respiración caliente te quema antes de que sus labios carnosos te rodeen. La miras bajar hasta las pelotas, tragando con fuerza mientras sus manos te aprietan las caderas. Maya gime alrededor de tu verga, saboreando cada gota de tu pre-cum, y tú le empujas la cabeza más abajo, hasta que su garganta se abre para ti. Sientes cómo sus dedos se clavan en tus muslos, marcándote, mientras te la chupa con rabia, como si quisiera demostrar algo. La levantas de golpe, la tiras sobre la cama y le abres las piernas de una patada, viendo su coño mojado brillar bajo la luz. Te encajas de una estocada, sintiendo cómo su carne se ajusta a tu polla como un guante. Maya grita, pero no de dolor, sino de placer, arqueándose bajo tu peso mientras la embistes sin piedad. Sus uñas te arañan la espalda, sus gemidos se vuelven más desesperados cuando aceleras el ritmo, golpeando su punto G una y otra vez. La volteas, la pones a cuatro patas y le das nalgadas antes de empotrársela por atrás, sintiendo cómo su culo se aprieta alrededor de tu verga. Maya jadea, casi llorando, pero no te detienes, la agarras del pelo y la obligas a mirarte mientras te corres dentro de ella, llenándola hasta el cuello del útero. Cuando terminas, te inclinas y le susurras al oído: "¿Te gustó perder, perra?"