Nalgueame fuerte y llámame puta mientras me follas
Ella siempre había fantaseado con que un tipo grande y negro la dominara, pero nunca imaginó que sería tan brutal. Desde que lo vio en el gimnasio, con esos músculos marcados y esa polla enorme que se notaba bajo el pantalón, supo que quería que la humillara. Un día, en su departamento, lo invitó con la excusa de tomar algo, pero en cuanto cerró la puerta, se arrodilló frente a él y le bajó el pantalón para chuparle la verga con desesperación. Él la agarró del pelo y le ordenó que se pusiera en cuatro patas, y cuando sintió sus dedos separándole las nalgas y su lengua lamiéndole el coño mojado, supo que no habría piedad. La embistió con fuerza, golpeándole el culo cada vez que la penetraba, mientras ella gemía como una perra en celo. Le escupió en la espalda y le dijo que era una puta sucia, y eso solo la encendió más. Con cada empujón, sus tetas rebotaban y su coño chorreaba, hasta que él le agarró el cuello y le llenó la garganta con su leche caliente. Se corrió tan fuerte que casi se desmaya, pero él no paró hasta que la dejó temblando, con el culo enrojecido y el cuerpo satisfecho.