No tenía dinero para el corte, así que me chupó la polla el barbero
La peluquería estaba casi vacía cuando entré, y el barbero, un tipo joven con tatuajes en los brazos, me miró con una sonrisa pícara mientras me sentaba en la silla. Le expliqué que no tenía dinero, pero en vez de echarme, se acercó y me susurró al oído que tenía otra forma de pagarle. Antes de que pudiera reaccionar, ya me estaba arrodillando frente a él, desabrochándole el pantalón con las manos temblorosas. Su polla enorme y dura me esperaba, y sin pensarlo dos veces, empecé a chupársela con ganas, sintiendo cómo se le escapaban gemidos de placer. Él me agarraba la cabeza con fuerza, metiéndomela hasta el fondo mientras yo me ahogaba un poco, pero no me importaba, porque estaba mojada y excitada. De pronto, me levantó y me sentó en la silla, abriéndome las piernas para meterme los dedos en el coño, que ya estaba chorreando. Me corría en la cara mientras me follaba con los dedos, y yo no podía dejar de gemir como una puta. Al final, me dejó empapada de su leche caliente, y salí de allí con una sonrisa satisfecha, sabiendo que había pagado mi deuda de la mejor manera posible.