Policía castiga a ladronas con su verga enorme
Esa tarde en la comisaría, las dos ladronas temblamos cuando el oficial Justin Magnum nos atrapó con las manos en la masa. Nos retorció las muñecas y nos empujó contra la pared, susurrando al oído que nos iba a enseñar lo que pasa cuando robas. Yo, Sia Lust, le escupí en la cara y le desafié: '¿Crees que puedes manejar a dos putas como nosotras?'. Natalie Brooks se rio y le bajó la bragueta de un tirón, sacando su polla dura como piedra. El oficial gruñó y me empotró contra el escritorio, metiéndome la verga hasta que los dedos de mis pies se encogieron. Natalie se arrodilló y empezó a chuparle el culo, gimiendo cada vez que él me embestía más fuerte. Sentía su polla rozándome el cuello del útero mientras ella le lamía los huevos. '¿Así que quieres jugar, perra?', me dijo, y yo le respondí con un gemido ahogado cuando me dio una nalgada que resonó en toda la oficina. Natalie se subió a la mesa y se abrió de piernas, mostrando su coño mojado. El oficial no perdió tiempo y la penetró por detrás mientras yo me sentaba en su cara, frotándole mi concha en la boca. Los tres sudábamos, jadeábamos y gemíamos como animales en celo. Cuando él se corrió dentro de mí, sentí su leche caliente llenándome hasta rebosar. Natalie se limpió los labios y me miró con una sonrisa traviesa: 'La próxima vez, veremos quién se rinde primero'.