Ali Jones cabalga como una diosa mientras Ryan la domina
Esa tarde en mi habitación, con las cortinas cerradas y el sol filtrándose por los bordes, Ryan Madison me ordenó quitarme las gafas y arrodillarme frente a su polla dura. Yo obedecí, sintiendo cómo mi coño se mojaba al verlo tan grande y amenazante. 'Abre la boca, puta', me dijo, y no pude evitar gemir cuando me la metió hasta la garganta, agarrándome del pelo para controlarme. Después me puso a cuatro patas, con el culo en pompa, y me empotró de una estocada que me hizo gritar. '¿Te gusta, zorra?', preguntó mientras sus caderas chocaban contra mi culito apretado, y yo solo podía balbucear 'sí, sí' entre gemidos. Me corrió dentro, llenándome hasta que sentí su leche caliente resbalando por mis muslos. 'Eres mía', murmuró al terminar, y yo solo pude susurrar 'siempre, amo'