Polla con piercing y tatuajes mientras se pajea de noche
El chico peludo no puede dormir con esa verga dura que le punza en los calzoncillos ajustados, así que se acerca al espejo del baño con los ojos entrecerrados por el placer que ya le recorre la espalda. Se baja el bóxer negro y deja al descubierto una polla gruesa, marcada con un piercing en el glande que brilla bajo la luz tenue mientras él se agarra la base con los dedos tatuados. Se lame los labios al sentir cómo el metal frío le roza la palma mientras se acaricia despacio, dejando escapar un gemido ronco que resuena en las paredes del pequeño departamento. Con la otra mano se aprieta los huevos peludos, que ya pesan más de lo normal por la excitación acumulada, y siente cómo el piercing en el prepucio le roza la piel cada vez que se masturba con más fuerza. Se inclina hacia adelante, apoyando una mano en el lavabo, y deja que la polla se mueva libremente entre sus dedos mientras se mira el reflejo con los ojos vidriosos de deseo. El tatuaje de un lobo en el muslo derecho se contrae cada vez que flexiona la pierna, y él aprovecha para abrir más las piernas, sintiendo cómo el aire frío de la noche le acaricia el culo tenso. Con la mano libre se baja un poco más el pantalón para dejar que la verga golpee contra su vientre cada vez que acelera el movimiento, y los golpes húmedos de la carne contra la piel resuenan en el silencio de la habitación. No aguanta más: se acerca el teléfono con la otra mano y graba cómo su polla se pone roja y brillante por el sudor mientras se corre con espasmos violentos, disparando chorros espesos que le caen encima del abdomen marcado. Se queda jadeando, con la respiración entrecortada y la polla aún dura, mientras se limpia los restos de leche con los dedos para llevárselos a la boca y saborear su propio sabor salado. La cámara sigue grabando mientras él se mastica los labios, preguntándose cuánto tardará en volver a empalmarse con esas ganas locas que le entran cada noche.