Secretaria flaquita hace doble mamada con semen en la boca
La secretaria menudita de la oficina ya llevaba semanas coqueteando con miradas mientras le acariciaba el lápiz sobre los muslos y se mordía el labio inferior hasta dejárselo rojo. Hoy, con la puerta del despacho entreabierta y el aire acondicionado zumbando como un vibrador barato, la jefa rubia de piernas largas la empujó contra la mesa de reuniones y le ordenó arrodillarse frente a los dos. La flaquita no necesitó que se lo dijeran dos veces: se bajó la falda tableada hasta los tobillos y se llevó la primera polla flácida pero juguetona a la boca, chupando con esos labios carnosos que tanto le gustaban a su jefe. El tipo, un cuarentón con panza cervecera, le agarró la coleta alta y le clavó la verga hasta topar con el fondo de su garganta, haciéndola atragantarse con un hilillo de saliva que le resbaló por la barbilla. Entre gemidos ahogados, la secretaria se pasó al otro lado y se tragó la segunda polla, esta vez más delgada y rosada, que le acariciaba la lengua con cada embestida lenta pero constante. Los dos tipos empezaron a moverse al mismo ritmo, uno empujando su grueso tronco contra su paladar y el otro enredando los dedos en su pelo corto mientras le metía la verga hasta las amígdalas. La flaquita se corrió sin tocarse, con los muslos temblorosos y la tanga negra empapada de jugos que le resbalaban por los muslos blancos como leche. El jefe gordo fue el primero en disparar, llenándole la boca con chorros espesos de leche caliente que le resbalaron por la comisura y le mancharon el vestido de oficina, mientras el otro le empapaba la lengua con su propia corrida hasta dejarla sin aliento. La secretaria se lamió los labios brillantes, tragó lo que le quedaba en la boca y se limpió el semen de la mejilla con el dorso de la mano antes de sonreírle a ambos con los ojos brillantes de lujuria.