Superheroína atada en strappado y amordazada con balón
Me colgaron del techo con las piernas abiertas, el cuerpo estirado en esa posición humillante que me hacía sentir tan expuesta, y el balón en la boca me impedía gritar mientras ShinyBound ajustaba las cuerdas con esa sonrisa de depredador. Mi coño ya estaba mojado antes de que siquiera me tocara, imaginando lo que vendría, pero nada me preparó para el impacto de su polla enorme entrando de golpe, tan gruesa que me hizo gemir a través de la mordaza. Sentí cada centímetro de su verga dura empujando hasta las pelotas, y cuando me miró a los ojos, supe que esto no sería suave: quería marcarme, hacerme sentir cada embestida como si fuera la última. Lo más sorprendente fue descubrir que cuanto más me dominaba, más mi cuerpo respondía, mis caderas moviéndose contra él a pesar de estar atada, buscando más fricción, más presión, hasta que el orgasmo me sacudió sin aviso, haciendo que mis músculos se contrajeran alrededor de su polla como si no quisieran soltarlo. Cuando por fin me bajaron, mi cuerpo temblaba, el sudor mezclándose con el brillo del spandex pegado a mi piel, y en el suelo, junto a mis botas, quedó la mordaza, ahora manchada de saliva y un poco de sangre de mis labios lastimados.