Suzaku y Erza se empotran en hentai salvaje
La polla de Suzaku ya estaba dura como una piedra cuando Erza se le trepó encima sin avisar, con sus tetas rebotando como locas mientras le clavaba las uñas en los hombros. El coño de ella estaba tan mojado que se le escurría por los muslos al frotarlo contra el miembro grueso y venoso de él, que no pudo aguantarse y le agarró el culo con ambas manos para hundirla más fuerte sobre su verga. Los gemidos de Erza eran pura música obscena, unos gritos agudos que salían entrecortados cada vez que él la empalaba hasta el fondo, haciendo que su clítoris palpitara como un martillo neumático. Suzaku, con los ojos inyectados en lujuria, le lamió los pezones mientras le metía dos dedos en la boca para que chupara mientras la follaba por detrás, sintiendo cómo el coño de ella se contraía cada vez que la penetraba hasta el fondo. Erza, con las piernas temblando, se dejó caer hacia adelante y se apoyó en el escritorio, ofreciéndole el culo bien abierto mientras él le escupía en el agujero para que se le deslizara mejor la polla. La corrida no tardó en llegar cuando ella le pidió a gritos que la llenara, sintiendo cómo el semen caliente le salpicaba las paredes del coño mientras sus caderas seguían moviéndose sin control, dejando manchas pegajosas en las sábanas. Los dos quedaron jadeando, con las pieles brillantes de sudor y los cuerpos pegados, mientras él le susurraba al oído lo puta que era por dejarse empotrar así de fuerte. Ella, sin aliento, solo atinó a reírse y a morderle el hombro, sabiendo que esta vez no habría escapatoria de tanta lujuria desbordada.