Trio explosivo con nia azul y su verga gigante
La morena de curvas explosivas ya venía con la tanga empapada de pura lujuria cuando él le agarró el culo prieto entre las manos y le susurró al oído que hoy no habría escapatoria. Ella se dejó caer de rodillas sobre la alfombra mullida, con los pezones duros como piedras bajo su blusa ajustada, y le abrió la cremallera del pantalón para sacarle una polla gruesa que le colgaba pesada entre los muslos. Duncan Saint no perdió tiempo y la empujó contra el sofá de una embestida, haciendo que le temblaran los pechos al ritmo de cada golpe que le daba en el coño empapado mientras ella gritaba de placer con la boca llena de babas. Nia Bleu, que no se quedó atrás, se trepó encima de él a cuatro patas y se abrió de piernas para que la penetrara por detrás, con su culo redondo rebotando cada vez que él se hundía hasta el fondo, sintiendo cómo el calor de su coño chorreante le cubría la verga de arriba abajo. Los gemidos se mezclaban con los sonidos húmedos de carne contra carne, sus cuerpos cubiertos de sudor y sus olores a sexo inundando el ambiente mientras las embestidas se volvían más brutales, más desesperadas. Él le agarró los pechos desde atrás y se los apretó con fuerza, haciendo que ella arqueara la espalda y soltara un alarido cuando la polla de Duncan le dio en el punto más sensible, provocándole un orgasmo tan intenso que le hizo temblar las piernas y dejar caer la cabeza contra el respaldo del sofá. Aprovechando que ella aún jadeaba por el clímax, él la volteó boca arriba y le abrió las piernas de par en par, hundiendo la cara entre sus muslos para lamerle el coño chorreante con la lengua, saboreando cada gota de su excitación mientras ella le arañaba los hombros con las uñas. Cuando ya no pudo resistirse más, Duncan se levantó y se puso de pie frente a ella, con la polla palpitante y brillante por los fluidos, y le ordenó a Nia que le chupara la verga hasta dejarla limpia, sintiendo cómo su boca caliente y húmeda se deslizaba por toda su longitud mientras él le agarraba la nuca con fuerza. El trio alcanzó el clímax al mismo tiempo: ella se corrió otra vez con la polla metida hasta las bolas, él le disparó una corrida espesa en la boca que ella tragó sin dudar, y los tres quedaron jadeando, cubiertos de sudor y con las pieles pegajosas por el sexo desenfrenado que acababan de compartir.