Twink se monta como loco en mi verga gruesa y termina corriéndose de puro placer
Javier no aguantó más cuando me vio entrar al cuarto con la polla ya dura, retándome a ver si podía manejar su culo apretado. Se arrodilló de inmediato, abriéndose las nalgas para que le metiera los dedos primero, gimiendo como una perra en celo cuando los moví en círculos dentro de su agujero. Le di una palmada en el trasero que resonó en toda la habitación, y él se estremeció, pidiéndome que lo empotrara de una vez. No me hice rogar: lo puse de cuatro patas y le clavé la verga de una estocada, sintiendo cómo su culo se cerraba alrededor de mi tronco como un tornillo. Cada embestida lo hacía gritar más fuerte, y yo no paraba de bombearle el culo hasta que las caderas chocaron contra su trasero. El sonido de mi polla entrando y saliendo de su agujero mojado era obsceno, y Javier no dejaba de suplicarme que lo follara más duro. Cuando sentí que su cuerpo se tensaba, aceleré el ritmo, metiéndole hasta las pelotas mientras él se corría sin tocarse, el semen salpicando la cama. Ahora sé que la próxima vez va a ser peor, porque no pienso dejar que se salga con la suya tan fácil.