Un reto de san valentín que terminó en un festín de placer
Esa noche en mi apartamento, todo empezó con un simple mensaje provocador. Te voy a contar cómo mi mejor amiga, la que siempre se vestía para provocarme, terminó arrodillada frente a mí con los labios temblando de deseo. Llevaba días enviándome fotos de su culo respingón en tanga, rozándose contra mí en el sofá, susurrándome al oído que no aguantaba más. Sabía que estaba jugando conmigo, pero cuando me miró con esos ojos vidriosos y me dijo '¿te gustaría estar en su lugar?' mientras se mordía el labio, supe que había ganado. La empujé contra la pared, le arranqué el vestido y le metí la mano entre las piernas, sintiendo lo mojada que estaba. Sus gemidos llenaron la habitación mientras mis dedos entraban y salían de su coño, y cuando no pudo más, la tiré en la cama y me senté sobre su cara, obligándola a chuparme el clítoris hasta que me corrí en su boca. Después, con la polla dura y brillante de sus fluidos, me puse detrás de ella, le separé las nalgas y la penetré de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero. Sus gritos se mezclaron con el sonido de mi piel golpeando contra la suya, y cuando por fin me corrí dentro de ella, me incliné y le susurré: '¿Ves lo que pasa cuando me provocas?'.