Verificación de la puta que te la chupa en el baño
—Cállate, que nos van a pillar— susurra ella mientras te agarra la polla con la mano temblorosa. La tienes tan dura que le cuesta cerrar los dedos alrededor, pero no se detiene. Te arrastra al baño de la oficina, donde el riesgo de que alguien entre en cualquier momento hace que el corazón te lata más fuerte. Ella se arrodilla frente a ti, te mira con esos ojos de puta hambrienta y abre la boca, lista para tragársela entera. Sientes cómo su lengua recorre el glande antes de que empiece a chuparte con fuerza, ahogando los gemidos contra tu piel. Las paredes del baño son finas, y cada vez que gime más fuerte, te tomas el riesgo de empujarle la cabeza hacia abajo, metiéndosela hasta que las pelotas le golpean la barbilla. Ella se atraganta un poco, pero no se queja, solo te mira con las lágrimas corriéndole por las mejillas, pidiéndote más con los ojos. Escuchas pasos afuera, alguien que pasa por el pasillo, y eso te pone más caliente. La levantas de golpe, la empotras contra la pared y le subes el vestido, sintiendo cómo su coño ya está mojado. Le bajas las bragas de un tirón y le metes los dedos, sintiendo cómo se contrae alrededor de ellos. —No pares, por favor— susurra, mordiéndose el labio para no gritar. La levantas y la sientas en el lavabo, abriéndole las piernas para que todos vean lo puta que es. Te la metes de una estocada, sintiendo cómo su culo golpea el espejo con cada embestida. Ella te clava las uñas en la espalda, gimiendo en tu oído, y sabes que si alguien entra ahora, te va a pillar con la polla enterrada hasta las pelotas en su coño. Pero no te importa. Solo quieres correrte dentro de ella, sentir cómo se aprieta alrededor de tu verga mientras te vacías. Cuando por fin lo haces, ella se queda quieta, temblando, con la respiración agitada. —La próxima vez— te dice, limpiándose el semen de los labios— te la voy a chupar en el ascensor. Y no pienso callarme.