Profesora de yoga caliente se deja follar duro
La profesora de yoga ya venía con las tetas bien duras desde que él llegó a su casa con ese short ajustado que le marcaba hasta el puto coño sin bragas, y en cuanto cerró la puerta de una patada y la agarró del pelo para tirarla contra el espejo del salón, supo que iba a terminar empotrada contra la pared. Él le arrancó el sujetador deportivo mientras ella gemía con la boca abierta, sintiendo cómo sus dedos gruesos le apretaban los pezones antes de bajar a manosearle el coño ya bien mojado. La profesora, que solo quería enseñarle a hacer posturas para relajar el culo después de un día largo, terminó con las piernas en alto sobre sus hombros mientras él le clavaba la polla hasta el fondo, haciéndola gritar cada vez que le embestía con fuerza y le dejaba el culo rojo. El espejo se empañó con su aliento caliente, sus uñas le rasgaban la espalda y el sonido de sus carnes chocando llenaba el cuarto como un tambor. Él le susurró al oído que nunca había visto un coño tan apretado, y ella, sin poder evitarlo, se corrió en tres embestidas apretando los muslos contra sus caderas, mojándole toda la polla con su leche espesa. Pero él no se detuvo ahí: la agarró de las caderas, la levantó en el aire como si no pesara nada y la folló de pie contra la colchoneta, haciendo que el culo le rebotara con cada golpe mientras ella no paraba de maldecir y gemir como una puta en celo. Cuando por fin se desplomaron en el suelo, sudorosos y jadeantes, él le lamió el coño bien limpio y ella le chupó la polla hasta dejarla bien dura otra vez para repetir, porque al final esa clase de yoga había sido solo el calentamiento.