Ladrona linda atrapada y empotrada como castigo
La tienda estaba casi vacía cuando la viste escondiendo ese collar bajo la chaqueta, pero no gritaste, solo te acerastas con el bastón en la mano y le diste una palmada en el culo: *"¿Así que robas, zorra?"*. Sus ojos se abrieron como platos cuando te reconoció, el policía que la había cuidado antes, pero ahora todo había cambiado. Te agachaste para quitarle los leggings ajustados y sentiste cómo el culo respingón se ponía firme bajo tus dedos, mojado de miedo y excitación. *"¿Sabes por qué no te llevo a la cárcel ahora mismo?"*, le susurraste al oído mientras le bajabas los calzones, y al ver cómo la polla te crecía contra su muslo, DaniClark supo exactamente qué le esperaba. *"Porque me voy a follar ese culo apretado hasta que me ruegues perdón... y luego otra vez"*. La arrastraste al almacén, donde la tiraste contra las cajas, le apartaste las nalgas y metiste dos dedos de golpe: sintió cómo el coño se contraía y el culo cedía, gimiendo cuando los sacaste con un chasquido húmedo. *"Dilo, puta: ¿quieres que te parta el culo o prefieres chuparme?"*, y antes de que respondiera, ya tenías la polla dura como el acero presionando contra su ano virgen. Empujaste de una estocada, sintiendo cómo el culo se abría como un melón maduro, y ella gritó tan alto que la clavija del pelo se le cayó, pero no te importó: seguiste embistiéndola contra las cajas, haciendo que sus pechos rebotaran con cada choque de carne. *"Mírala, cómo le gusta el castigo... si es que está chorreando"*, y cuando te inclinaste para morderle un pezón, notaste que el culo se apretaba aún más, como si no pudiera decidir si huir o quedarse. Le diste una palmada en la mejilla para que te mirara: *"Ahora vas a correrte así, con mi polla en el culo, porque eres mi puta hasta que yo diga"*. Y cuando le agarraste el pelo y le ordenaste gemir más fuerte, viste que los dedos de los pies se le encogían justo antes de que el cuerpo entero se sacudiera, el culo temblando como un flan alrededor de tu verga. *"¿Ves? Hasta te gusta que te traten mal"*, y sin sacarla, te moviste más rápido, sintiendo cómo el culo se calentaba y se volvía más resbaladizo con cada empujón. *"La próxima vez", le dijiste al oído mientras le soltaste una corrida bien adentro, "te voy a hacer tragar hasta la última gota... y después te enseñaré por qué los policías no perdonamos a las ladronas bonitas"