Akina Asmus se somete al monstruo de su padrastro
Akina Asmus no podía creer lo que tenía frente a ella cuando su padrastro Leo Casanova le mostró su verga descomunal, gruesa y palpitante. La joven se mordió el labio inferior, sintiendo cómo su coño se humedecía al instante, pero antes de que pudiera reaccionar, él le ordenó arrodillarse con un tono que no admitía discusión. Akina obedeció, temblando mientras sus manos se cerraban alrededor de esa polla que apenas podía abarcar, sintiendo el peso de los huevos contra sus dedos. Él le agarró el pelo con fuerza, empujando su cara hacia adelante hasta que la punta le rozó la garganta, ahogándola con cada embestida mientras ella gemía, los ojos llorosos y la saliva escurriéndose por su barbilla. Cuando la sacó de golpe, Akina jadeó, pero él no le dio tiempo: la giró sobre sus manos y rodillas, separándole las nalgas para clavarse en su coño mojado de una sola estocada, llenándola hasta que sus caderas chocaron contra su culo. Ella gritó, pero él solo aceleró el ritmo, azotándole las nalgas cada vez que se quejaba, marcando su piel pálida con sus dedos. Akina se aferró a las sábanas, sintiendo cómo cada embestida la acercaba al borde, pero cuando él salió de golpe, la obligó a abrir la boca y le vació su leche caliente en la lengua, ordenándole tragar hasta la última gota. Mientras se limpiaba los labios, Akina sintió un calor en el vientre, no solo por el semen, sino por la humillación de haber sido usada como una puta sumisa, exactamente como él quería.