Angelina Love pide doble penetración con dildo y polla en el culo
El gemido ahogado de Angelina Love al sentir el dildo entrando en su culo apretado resonó en toda la habitación, un sonido que Willie Ropes llevaba días imaginando. Desde que ella le susurró al oído que quería probarlo todo, la tensión entre ellos se volvió insoportable: miradas robadas en la cocina, roces "accidentales" al pasar, noches de insomnio pensando en cómo sería sentirla gemir bajo su cuerpo. Esta vez no hubo preámbulos: Angelina se arrodilló en la cama, el dildo ya lubricado brillando entre sus nalgas, mientras Willie se acomodaba detrás, su polla dura rozando la humedad de su coño antes de clavarse hasta las pelotas. El primer empujón la hizo arquear la espalda, los dedos de Willie apretando sus caderas para marcar el ritmo, el sonido húmedo de la penetración mezclándose con sus gemidos. El dildo no era suficiente: ella lo quería todo, y Willie no iba a negárselo. Con un movimiento rápido, lo empujó hacia adelante, dejando que el juguete y su polla la llenaran por completo, el calor de su culo apretado envolviéndolos a ambos. Angelina gritó, las paredes de su culo temblando alrededor del dildo mientras Willie la empotraba sin piedad, el sudor corriendo por su espalda, los muslos de ella temblando con cada embestida. No había espacio para nada más que el placer: el sonido de carne chocando contra carne, los jadeos entrecortados, el olor a sexo en el aire. Willie sintió cómo su polla se hinchaba, el orgasmo acercándose, pero no podía detenerse, no cuando Angelina le rogaba que la llenara más, que la hiciera correrse así, llena de polla y dildo hasta que no pudiera respirar. El primer chorro de leche caliente la hizo gritar, el calor extendiéndose dentro de ella mientras Willie se vaciaba, el dildo aún enterrado en su culo, vibrando con cada espasmo de su orgasmo. Fue demasiado: Angelina se corrió con un gemido desgarrado, el cuerpo convulsionando, las paredes de su culo apretándose alrededor del juguete, los dedos de Willie clavándose en sus caderas para mantenerla en su lugar. No hubo tiempo para palabras, solo el sonido de sus respiraciones entrecortadas, el latido de sus corazones, el calor de sus cuerpos pegados. En más de 13 minutos de escena, la tensión acumulada durante días se liberó en un orgasmo que los dejó sin aliento, sin fuerzas, sin nada más que el placer que aún vibraba entre ellos.