Becca se empina el culo en rojo y Jack la domina sin piedad
—¡Mira qué bien se marca mi culo con este rojo, ¿te gusta así de grande para ti?—. Becca se contonea frente a Jack, flexionando el torso para que sus nalgas redondas, firmes y perfectamente redondas destaquen bajo la luz. Él la agarra de la cintura con fuerza, hundiendo los dedos en su carne fresca mientras ella jadea anticipando lo que viene. Con un empujón seco, la obliga a arrodillarse en la cama, apoyando las manos sobre el colchón y separando las piernas para dejar su coño rosado bien expuesto. Jack no pide permiso, solo clava su verga dura hasta las pelotas en un solo movimiento, haciendo que ella gima como una perra sumisa. El sonido de sus cuerpos chocando resuena en la habitación, acompañando los gemidos entrecortados de Becca, que no puede evitar arquearse aún más para recibir cada embestida. Él la domina, usando su peso para inclinarla hacia adelante y ajustar el ángulo, penetrándola más profundo hasta que las caderas de ambos se estrellan sin parar. Con una mano, le sostiene la nuca mientras con la otra le azota el culo, dejándole marcas rojas que ella recibe con placer. —¡Pídele permiso, puta!—. Jack gruñe, y ella, entre lágrimas de excitación, obedece: —¡Por favor, déjame correrme, dueño!—. Él se ríe, acelerando el ritmo hasta que ambos explotan en un orgasmo que la deja temblando. Ahora, con la polla todavía palpitando dentro de ella, Becca piensa que le encanta ser su puta obediente, aunque mañana le duela cada músculo.