Blondie dominada en escena de lucha erótica de 10 minutos
El crujir de los ligueros al romperse me hizo abrir los ojos de golpe, pero ya era tarde: sus manos me tenían inmovilizada contra el ring, con mi cuerpo sudoroso pegado al suyo mientras susurraban órdenes al oído. ¿Te gustaría estar en mi lugar, sintiendo cómo esa polla dura me parte en dos sin piedad mientras el público imaginario no se da cuenta de lo que pasa entre nosotros? Cada gemido mío era un riesgo, cada chasquido de su verga entrando hasta las pelotas era un acto de rebeldía que podría hacernos descubrir. Escuché pasos afuera, el eco de voces lejanas, y apreté los muslos alrededor de su cadera para ahogar mis gritos, pero él no se detuvo: me agarró de las nalgas, me levantó como una muñeca y me empotró contra la lona, haciendo que mis tetas rebotaran con cada embestida. Sus manos eran un torniquete en mis caderas, marcando el ritmo como si fuera su propiedad, y cuando sus dedos se hundieron en mi coño mojado, supe que estaba perdida. No podía parar de gemir, no podía evitar que mis uñas se clavasen en su espalda, y aunque sabía que alguien podría entrar en cualquier momento, no quería que terminara. Imagínate cómo me sentía, con su verga palpitando dentro de mí, con mi cuerpo temblando de anticipación, preguntándome si mis jadeos serían lo último que escucharía antes de que nos pillaran. Pero no me importó: solo quería más, quería que me llenara hasta el cuello del útero, quería que me dejara temblando después de correrme gritando su nombre.