Chica vikinga de marte empotrada por alienígena grueso
Desde que la vio bajar del ovni con ese traje de cuero ajustado que apenas le cubría las tetas redondas, no pudo evitar babear mirándole el culo prieto y el coño depilado que se le marcaba con cada paso. La rubia extraterrestre, con esos ojos violetas que brillaban como faros en la oscuridad, no tardó en notar su polla dura como una roca bajo el pantalón ajustado y le agarró la verga con esos dedos largos y delgados para masajearla despacio mientras le susurraba palabras en un idioma que sonaba a gruñidos y gemidos. Él, sin pensarlo dos veces, le arrancó el tanga negro de un tirón dejando al descubierto unos labios vaginales ya bien mojados que despedían un olor a sexo y almizcle, y se la clavó de una sola embestida hasta el fondo mientras ella chillaba de placer con esa voz aguda que le ponía los huevos como canicas. Cada empujón le hacía botar esas tetas grandes sobre su abdomen marcado, y ella, con las uñas afiladas como garras, le arañó la espalda mientras le gritaba que le metiera más adentro, que quería sentirlo hasta la garganta. El alienígena, con su verga enorme y palpitante, no tardó en empezar a bombearle el coño con tal fuerza que los muebles del apartamento vibraban y el sudor le resbalaba por los muslos como si acabara de salir de la ducha. Ella, con las piernas en alto y los talones clavados en su culo, le exigía que no se detuviera ni un segundo, que le llenara ese agujero hasta dejarla preñada de extraterrestre, y él, jadeando como un animal en celo, no pudo más que obedecerle. Cuando la notó apretarle la polla con esos músculos vaginales que le chupaban hasta el último centímetro, supo que el momento había llegado: se enterró hasta las pelotas y le soltó toda la leche caliente dentro mientras ella se corría gritando su nombre en ese idioma gutural que solo ellos entendían. Cuando por fin se separaron, el coño de la vikinga seguía goteando semen alienígena mientras él, exhausto pero satisfecho, se limpió el sudor de la frente y le dio un beso húmedo en el cuello antes de preguntarle si quería repetir.