Mujer casada chupa polla negra hasta correrse en la boca
La rubia de tetas grandes no podía quitarle las manos de encima a esa verga negra enorme que le empotraba el negro en el sofá, así que se la clavó hasta la garganta sin pensarlo dos veces. Sus labios carnosos se abrieron como una flor mojada mientras tragaba cada embestida con gemidos ahogados, el sabor salado del líquido preseminal le recorrió la lengua y le erizó la piel. El cornudo marido no podía creer lo que veía desde el espejo del baño: su mujer, con las tetas rebotando por cada empujón, recibiendo una follada tan brutal que hasta se le escapaba un chorro de babas babosas por la comisura. El negro le sujetó la cabeza con fuerza, hundiéndole la polla hasta el fondo de la garganta mientras le susurraba al oído lo puta que era, cómo le encantaba chupársela toda sucia. Ella abrió más los ojos y aceleró el ritmo, tragando cada vez más profundo hasta que sintió el primer latido de esa verga gruesa anunciándole que estaba a punto de reventarle la boca con leche espesa. El negro gruñó como un animal y le agarró el pelo con más fuerza, embistiéndola con furia mientras le llenaba la boca de semen caliente que le resbalaba por la barbilla y le caía en los pechos, manchando su piel pálida con hilos blancos que brillaban bajo la luz del atardecer. La rubia se corrió al instante, su coño empapado de excitación goteaba sobre el sofá mientras jadeaba con la boca llena, sin poder evitar tragar cada gota que el negro le escupía entre gemidos de placer animal. Cuando por fin la sacó, le quedó la boca empalagosa y el labio inferior hinchado, pero no le importó: se lamió los restos de leche de los labios y le sonrió al cornudo, que no pudo hacer otra cosa que masturbarse al ver cómo su esposa se limpiaba la cara con los dedos antes de pedirle más.