Chico pequeño recibe una paliza de polla gruesa
El pequeño Nico no podía creer cuando Justin lo arrinconó contra la pared del baño con esa verga monstruosa palpitando entre sus dedos. Antes de que pudiera reaccionar, la boca de Nico ya estaba tragando hasta la mitad de ese tronco venoso, sintiendo cómo el prepucio áspero le raspaba la lengua mientras Justin le agarraba la nuca para empotrarle más adentro. El chico gemía con la garganta llena, el sabor a sexo y a sudor inundándole el paladar mientras sus manos se aferraban a los muslos musculosos de Justin, esos glúteos duros apretándose contra su cara. Justin no perdía tiempo: le dio la vuelta bruscamente y lo dejó en cuatro patas sobre el lavabo, el culo prieto y redondo de Nico separado solo por un hilito de baba que caía del capullo brillante de Justin. Con un empujón bestial, la verga entró hasta el fondo en un solo envite, arrancándole un aullido que resonó en el espejo empañado del baño. Nico se retorcía entre gemidos, los dedos arañando el mármol mientras Justin lo empotraba sin piedad, el sonido húmedo de los cuerpos chocando mezclado con los gruñidos de placer que escapaban de su garganta. Cada embestida hacía temblar el lavabo, el culo de Nico abriéndose como una flor para recibir cada centímetro de esa carne caliente y palpitante. Justin le agarró el pelo y le obligó a arquear la espalda, hundiéndose aún más profundo mientras Nico se corría sin poder evitarlo, chorros espesos de leche caliente manchando el suelo y su propio pecho. La corrida fue tan intensa que Justin no aguantó más y se vino dentro de él con un rugido, sintiendo cómo el ano de Nico se contraía alrededor de su polla, ordeñándola hasta dejarlo seco. Cuando por fin se separaron, Nico quedó tirado sobre las baldosas frías, la boca entreabierta y los ojos vidriosos, mientras Justin se limpiaba el semen que le escurría por las piernas con la mano antes de darle un cachete en el culo aún tembloroso.