Culito en mesa de picnic con Ki Wini al aire libre
El sol quemaba mi piel mientras el viento jugaba con mi ropa, pero lo que realmente me tenía al borde era la mirada hambrienta de Ki Wini. No sabía que ese día en el parque iba a terminar con mi culito en la mesa de picnic, pero apenas me tocó, supe que no iba a resistirme. Él sacó un dildo grueso de su mochila y, sin avisar, lo hundió en mi culo apretado. Grité, pero no de dolor, sino de esa mezcla de sorpresa y placer que solo él sabe provocarme. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, sin importarme que alguien pudiera escucharnos. Ki Wini no se detuvo, empotrándome con fuerza mientras yo me aferraba a la mesa, sintiendo cómo el juguete me abría de una manera que nunca antes había experimentado. En más de 11 minutos de escena, mi culo latía, mojado y sensible, pero él seguía sin piedad, moviendo el dildo como si quisiera marcarme para siempre. Cuando por fin me corrí, fue tan intenso que hasta me temblaron las piernas. Ki Wini se rio, satisfecho, y me susurró al oído: '¿Ves? Sabía que este culito estaba hecho para ser reventado al aire libre'.