Dreamdoll te desafía a una follada que no olvidarás
Esa tarde en el hotel, cuando me vio con ese vestido ajustado, su polla ya estaba dura antes de que abriera la boca. ¿Crees que puedes manejarme, cariño? Te voy a demostrar que nadie me domina, ni siquiera tú. Empecé chupando su cuello, rozando mi culo contra su entrepierna, sintiendo cómo su verga palpitaba bajo el pantalón. Cuando me giré y le bajé los calzoncillos de un tirón, sus ojos se abrieron como platos al ver mi coño mojado y listo para él. Te reto a que me hagas gemir más fuerte que nunca, pero te advierto: si crees que vas a ganar, estás muy equivocado. Lo monté a horcajadas, hundiendo su polla gruesa hasta que sus caderas chocaron contra las mías, y cada embestida me hacía gritar más fuerte. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo mis paredes vaginales lo aprietan como un tornillo? Cuando me dio la vuelta y me empotró contra la pared, sus manos en mis tetas y su lengua en mi oreja, supe que estaba perdido. Pero no me rendí: le clavé las uñas en la espalda y le exigí que me follara más duro, que me hiciera correrme como nunca. Al final, cuando su leche caliente me llenó por dentro, solo pensé en una cosa: la próxima vez, voy a ganar yo.