El doctor Darron Bluu me examinó con su verga dura y me dejó mojada
Esa tarde en el consultorio, el doctor Darron Bluu me miró con esos ojos que prometían más que un simple chequeo. Llevaba el uniforme ajustado, dejando ver cada músculo de sus brazos mientras me pedía que me desnudara. Sabía que estaba jugando conmigo, rozando mi piel con sus dedos fríos al tomar mi presión, enviándome fotos de su polla gruesa antes de la cita. Cuando me acosté en la camilla, su mano bajó hasta mi coño, ya húmedo de anticipación. 'Relájate, es solo un examen', dijo con esa sonrisa pícara mientras su verga rozaba mi entrada. No aguanté y me arqueé, gimiendo cuando la empujó de una estocada hasta hacerme tocar el cuello del útero. Sus embestidas eran rítmicas, llenando cada rincón de mi culo mientras sus dedos apretaban mis pezones. El sonido de su piel chocando contra la mía resonaba en la sala, y cuando por fin se corrió, su leche caliente me llenó por completo. Marco Napoli, el enfermero, solo pudo mirar con los ojos muy abiertos desde la puerta, sin creer lo que acababa de presenciar.