Mugen: El guerrero dominado por Akira Yuki
Akira Yuki no perdonó a su rival esta vez. Lo arrinconó contra el ring de combate, le arrancó el uniforme con fuerza y le ordenó arrodillarse, humillado, mientras su polla dura le golpeaba el rostro. El otro no tuvo más remedio que abrir la boca, temblando, sabiendo que cada orden sería obedecida. Akira le agarró del pelo, le empujó la cabeza hacia su verga hinchada y gritó: “¡Chúpala como la puta sumisa que eres!”. Los labios se cerraron alrededor del glande, la lengua lamió el tallo grueso con desesperación, mientras Akira gemía y movía las caderas para embestir su garganta. El sudor le caía por el pecho, marcado por cada gemido ahogado de sumisión. Cuando Akira decidió que ya había sido suficiente, lo tiró al suelo, le abrió las piernas de una patada y escupió en su culo apretado antes de empujar su polla entera de golpe. Cada estocada era un castigo, cada gruñido de Akira una declaración de dominio. El otro solo pudo gemir, suplicando entre lágrimas: “¡Por favor, señor, déjame correrme!”. Akira se rio, le agarró los muslos con fuerza y lo penetró más profundo, disfrutando cada estremecimiento de su cuerpo. Cuando por fin permitió que se vaciara, el guerrero sumiso solo pudo pensar en lo bien que se sentía ser usado así, en lo mucho que deseaba repetirlo.