Frozen Zilch se masturba con su polla gruesa y sin cortar
—¿Así de dura la tienes siempre, cabrón?— te susurras al ver cómo Frozen Zilch se agarra la verga sin cortar, gruesa y palpitante, mientras se recuesta en el sofá con los ojos cerrados. La sorpresa te recorre al notar que no es solo el tamaño lo que te excita, sino cómo la agarra con fuerza, como si no pudiera esperar a correrse. Te acercas sin hacer ruido, sintiendo el calor que desprende su cuerpo sudado, y notas cómo la punta ya está mojada de pre-cum. Sin pensarlo, te arrodillas frente a él y le bajas los pantalones de un tirón, dejando al descubierto toda esa carne gruesa que late entre sus piernas. Frozen Zilch abre los ojos de golpe, pero no te detiene cuando empiezas a chupársela con ganas, sintiendo cómo se hincha aún más en tu boca. El gemido que escapa de sus labios te confirma que le encanta lo que haces, y aceleras el ritmo, metiéndotela hasta el fondo mientras con una mano le acaricias los huevos, pesados y llenos. De pronto, Frozen Zilch te agarra del pelo y te empuja contra el sofá, poniéndote de rodillas mientras se coloca detrás de ti. Sientes cómo su polla caliente se frota contra tu culo, y antes de que puedas reaccionar, te la clava de una estocada, llenándote por completo. Los gemidos se vuelven más fuertes, más desesperados, mientras te empotra contra el sofá, embistiendo con fuerza, haciendo que cada movimiento te haga sentir su verga gruesa rozando cada rincón de tu interior. Frozen Zilch te agarra de las caderas con fuerza, marcándote los dedos en la piel, y acelera el ritmo hasta que de pronto se corre dentro de ti, llenándote con su leche caliente. Te deja sin aliento, pero lo que más te sorprende es lo mucho que te gusta sentirlo así, tan cerca, tan salvaje. Cuando se aparta, solo piensas en lo mucho que quieres repetirlo.