Atrapado con el suspensorio del entrenador
El chiquillo no pudo resistirse cuando el entrenador lo invitó a quedarse después del entrenamiento, diciendo que quería ajustar su técnica. El sudor le caía por el pecho peludo mientras el chico, temblando, se acercaba y notaba el bulto enorme bajo el suspensorio ajustado. Con manos torpes, el joven lo desató y dejó al descubierto una polla gruesa y venosa que lo hizo tragar saliva. El entrenador lo empujó contra las taquillas, le arrancó el short y le hundió los dedos en el culo virgen, haciendo que el muchacho gimiera como una puta. Lo empotró contra el frío metal, embistiéndolo con fuerza mientras el chico se agarraba de los hombros del hombre, sintiendo cómo su culo ardía con cada embestida profunda. El entrenador le tapó la boca con una mano para ahogar sus gemidos, pero el chico no podía evitar quejarse cuando la verga le rozaba la próstata. El sudor los cubría a ambos mientras el hombre lo follaba sin piedad, hasta que finalmente se corrió dentro, llenándolo hasta rebosar. El muchacho, jadeando, sintió el semen caliente escurrirse por sus muslos mientras el entrenador le sonreía con esa barba ruda y le decía que ahora era suyo.