Pareja gay se pone bien caliente con un cigarro y una mamada salvaje
El humo del cigarro se mezclaba con los gemidos ahogados mientras él se arrodillaba frente a su pareja, chupando esa polla dura como si no hubiera mañana. Las manos del otro tipo agarraban su cabeza con fuerza, empujando más profundo, sintiendo la garganta caliente envolviendo cada centímetro. El sabor salado y el olor a sudor lo volvían loco, y cuando el otro empezó a mover las caderas más rápido, supo que no aguantaría mucho más. Las gotas de saliva caían sobre los muslos, mezclándose con el sudor que brotaba de cada poro. De pronto, una mano lo jaló hacia arriba, empujándolo contra la pared mientras los labios se encontraban en un beso brutal. Las lenguas se enredaban, los dientes mordían, y las pollas duras se frotaban una contra la otra, dejando un rastro húmedo en los calzoncillos. El tipo de atrás lo agarraba por las caderas, empujando su culo contra su pelvis, gimiendo cada vez que la punta de su verga rozaba el agujero apretado. No duró mucho antes de que el primero se corriera en su boca, llenándola hasta el fondo, mientras el otro le apretaba los muslos con fuerza, marcando la piel con sus dedos. El sabor amargo y caliente lo hizo tragar rápido, sintiendo cómo el semen bajaba por su garganta. Pero no había terminado, porque el otro lo volteó de nuevo, esta vez para empotrarlo contra el sofá, metiéndole la polla hasta el fondo en un solo movimiento. Los gritos se ahogaban en los cojines mientras las embestidas lo dejaban sin aliento, sintiendo cómo cada centímetro de esa verga gruesa lo llenaba por completo. Las manos del otro tipo le apretaban el culo, separando las nalgas para meterla más profundo, y cuando por fin se corrió dentro de él, el calor líquido lo hizo gemir de placer. Quedaron tirados en el suelo, jadeando, con las pollas todavía duras y el cigarro casi consumido en el cenicero.