Entrevista laboral con mamada y venganza caliente
El tipo se sentó tras el escritorio con esa sonrisa de superioridad, como si ya supiera lo que iba a pasar. Yo llevaba el vestido ajustado que sabía le encantaría, pero no por él, sino por el muy cabrón que me dejó plantada. Cuando me pidió que me arrodillara, no lo pensé dos veces. Le abrí la bragueta y saqué esa polla gruesa que ya estaba dura, lista para castigar mi boca. Gemí al sentirla golpear el fondo de mi garganta, la saliva chorreando por mis labios mientras la trabajaba con furia. Cada embestida era un recordatorio de que este no era el imbécil que me falló, pero igual lo haría correrse como si lo fuera. Tragué cada chorro de su leche espesa, mirándolo a los ojos para que supiera que esto era personal. Al final, el muy idiota de mi ex no tenía idea de lo que se perdió, mientras este tipo se limpiaba los labios con satisfacción.