Esposa caliente llena el culo mientras su cornudo le lame el coño
Desde que llegó el gigantón a la casa nadie en el barrio duda de por qué ella se dejó convencer, con esa polla brutal que ni en sus mejores fantasías imaginaba. El muy cerdo la tenía empotrada contra la pared del pasillo, gruñendo como animal mientras sus tetas naturales rebotaban al ritmo de cada embestida que le destrozaba el culo sin piedad. La morena, con el coño ya chorreando, no podía ni gemir porque el cornudo le clavaba la lengua entre las piernas sin dejarla respirar, lamiendo hasta el último rastro de sus jugos mientras ella se retorcía de placer. Ella, la puta más caliente del barrio, no aguantó más y le suplicó que la llenara bien por atrás, gritando que quería sentir cada centímetro de esa verga monstruosa hasta ahogarla en sus entrañas. Él, con una sonrisa de superioridad, la tiró sobre la cama boca abajo y le arrancó el tanga de un tirón, dejando al descubierto el coño más mojado que había visto en su vida. La escena era tan caliente que hasta el cornudo se excitó más al ver cómo su esposa se dejaba empalar sin resistencia, con los muslos temblorosos y los labios hinchados de tanto chupar y ser chupada. El gigantón, sudando como un cerdo, le agarró las caderas con fuerza y se la clavó hasta el fondo, haciendo que ella sollozara de dolor mezclado con un placer que le nublaba la vista. La morena, con los ojos en blanco y la boca abierta en un grito mudo, sintió cómo esa polla enorme la partía en dos mientras el cornudo le mordisqueaba los pezones como si fuera su turno, pero sin atreverse a tocarla más allá de lo que ella permitía. Cuando por fin le soltó el culo, ella quedó tendida boca arriba, con las piernas abiertas y el coño empapado, gimiendo como una perra en celo mientras él se corría a chorros sobre su barriga, mezclando su leche con los restos de corrida que goteaban de su coño destrozado. El cornudo, jadeando y con la cara llena de babas, se limpió la boca con el dorso de la mano y sonrió al ver cómo su esposa se retorcía de placer, aún con el culo palpitando por el abuso y el coño más que listo para otra ronda.