Hermanaastia le enseña a mi hermano menor a follar duro
Él siempre me miraba con esos ojos de niño travieso cuando le servía el desayuno, pero hoy su mirada cambió: ahora tenía hambre de algo más que café. La pequeña rubia de mi amiga gemía en la cama mientras él, tímido al principio, le agarraba el culo redondo con sus manos inexpertas, sintiendo cómo su polla palpitaba contra mi muslo al verla arquear la espalda. 'No tengas miedo, bombón', le susurré mientras le lamía el cuello, 'enseñale a tu noviecita cómo se la mete una verdadera zorra'. Ella abrió más las piernas cuando él le rozó el coño con la cabeza de su verga, dejando un rastro de babas sobre sus muslos suaves. 'Así no, cariño', le corregí, guiándole la mano para que le metiera dos dedos bien hondo mientras ella chillaba y sus tetas perfectas saltaban al ritmo de sus embestidas. Él se corrió demasiado rápido, empapando la sábana con su leche caliente, pero yo no iba a permitir que terminara tan pronto. 'Ahora agarra su pelo y empótrala contra el colchón, que aprenda a usar esa verga como un hombre', le ordené mientras le abría bien las nalgas para que viera ese culito apretado que tanto le gustaba. Cuando la embistió por primera vez, ella gritó como una puta en celo, con los labios hinchados de tanto chupar y los pezones duros como piedras. 'Más fuerte, cabrón', le exigió entre gemidos, clavándole las uñas en la espalda mientras él le metía la polla hasta el fondo, haciendo que su cuerpo temblara como gelatina. Yo me masturbaba sin parar, viendo cómo su culo redondo rebotaba cada vez que él se la clavaba, con las nalgas pegajosas de sudor y su coño goteando jugos por cada embestida brutal. Él se corrió dentro de ella al final, con un gruñido animal, mientras yo me chupaba los dedos empapados de sus fluidos mezclados con la leche que aún le goteaba de la verga. La pequeña morena quedó hecha un trapo, con la piel roja y los muslos temblorosos, pero satisfecha como nunca antes.