Karina Mello se entrega al culo de la enteada mientras la esposa mira
La casa estaba en silencio, solo se escuchaban los gemidos ahogados de Karina Mello retorciéndose en la cama. La enteada, con ese culito prieto y húmedo, no pudo resistirse a provocarlo todo el día: fotos en ropa interior, rozándose contra él en el pasillo, susurrándole al oído. Hasta que Leo Ogro, el padrastro, perdió el control. La agarró de las caderas, le abrió las nalgas con fuerza y le metió la polla hasta las pelotas de una sola estocada. La enteada gritó, pero no para que parara, sino para que la embistiera más fuerte. Karina, con el culo bien abierto, se movía como una perra en celo, gimiendo cada vez que la verga gruesa le rozaba el punto G. El padrastro le dio duro, sintiendo cómo el ano apretado le chupaba la polla como si fuera una ventosa. La enteada, con las tetas rebotando, se corrió primero, pero él no se detuvo. La empotró contra el colchón, clavándole la polla hasta que las caderas chocaron contra su culo. Cuando por fin se corrió, llenándola de leche caliente, la esposa, que había estado mirando todo desde la puerta, se llevó las manos a la boca, con los ojos llenos de lujuria y rabia. No podía creer lo que acababa de ver.