La doncella en apuros quiere ser la amante del caballero
El caballero de armadura reluciente no paraba de mirarme con esos ojos hambrientos cada vez que pasaba por el castillo, y yo, con mi vestido rojo ajustado y las tetas rebosando por el escote, sabía que no aguantaría mucho más. La tensión entre nosotros era insoportable, con esos roces 'accidentales' en los pasillos y sus manos que se demoraban un segundo de más en mi cintura. Un día, cuando ya no pude más, lo arrastré a la alcoba secreta y me arrodillé frente a él, desabrochando su pantalón con dedos temblorosos. Su polla enorme saltó libre, dura como el acero, y no perdí tiempo en meterla hasta el fondo de mi garganta, chupando con fuerza mientras mis tetas rebotaban contra su vientre. El caballero gruñó, agarrándome del pelo y follándome la boca sin piedad, pero yo quería más: me levanté, le empujé contra la pared y me monté sobre él, cabalgando su verga como una amazona descontrolada. Mis jugos chorreaban por sus pelotas mientras lo cabalgaba, gimiendo cada vez que su polla golpeaba ese punto exacto dentro de mí. Sophia Locke, la puta más caliente del reino, lo montó hasta que el caballero no pudo aguantar más y se corrió dentro de mí con un rugido, llenándome hasta rebosar. Pero esto no ha terminado: la próxima vez, seré yo quien lo ate a la cama y lo haga sufrir de verdad.