La esposa infiel de luna berg sin ropa interior toda la noche
La escuché gemir mientras me agarraba el culo con sus uñas: '¿Vas a dejarme así, mojada y desesperada?'. Era Den, mi vecino, el que me miraba fijamente mientras yo me movía en mi vestido ajustado, sin bragas desde que salí de casa. Sabía que me deseaba, pero esta vez yo iba a mandar. Lo empujé contra la mesa de la cocina y le ordené que se arrodillara. 'Chupa mi coño como si fuera tu última comida', le dije, sintiendo su lengua caliente recorriendo mis labios hinchados. Cuando empezó a lamerme, arqueé la espalda y le tiré del pelo, obligándolo a meter la lengua más adentro. 'No pares, puta', le susurré, sintiendo cómo su polla dura se frotaba contra mi muslo. Me subí a la mesa y me incliné, ofreciéndole mi culo redondo. 'Empotrámela toda, pero solo cuando yo te lo diga', le exigí, disfrutando el poder que tenía sobre él. Cuando por fin me penetró, lo hizo con tanta fuerza que mis tetas grandes rebotaban con cada embestida. 'Más duro', le ordené, sintiendo cómo su verga gruesa me llenaba hasta hacerme gritar. Cuando me corrí, me aseguré de que tragara cada gota de mi leche, y luego lo dejé arrodillado, temblando, mientras yo me limpiaba los labios con una sonrisa. Ahora sé que volverá a rogarme, y yo decidiré si le doy lo que quiere.