La madrastra provocadora no pudo resistir a Keiran Lee
El sofá de la sala estaba demasiado cerca de la ventana, y yo sabía que él me miraba cada vez que me estiraba para alcanzar algo en la repisa. Me encantaba cómo su respiración se cortaba cuando me agachaba con mi vestido ajustado, mostrando el contorno de mi culo redondo y mis tetas grandes que rebotaban con cada movimiento. Un día, decidí llevar las cosas más lejos: me puse un tanga negro transparente y me senté en el sofá con las piernas abiertas, fingiendo leer una revista. Sabía que no podía resistirse a la vista de mi coño mojado brillando entre mis muslos. Cuando lo vi asomarse por la ventana, me lamí los labios y me acaricié el clítoris lentamente, gimiendo sin hacer ruido. Él entró como un toro en celo, su polla ya dura antes de tocarme. Me empotró contra el sofá, clavándome hasta que mis tetas saltaban con cada embestida. Le arañé la espalda mientras me penetraba, sintiendo cómo su verga gruesa me llenaba entera. Cuando me corrí, grité su nombre y él se vino dentro de mí, temblando como un adolescente. Al terminar, Keiran se quedó mirándome con los ojos vidriosos, como si no pudiera creer lo que acababa de pasar.