Masajista brasilera empotra con furia a su cliente
La morena de curvas explosivas llegó puntual a la cita con solo una toalla blanca rodeando su cintura mojada de sudor... Desde que abrió la puerta y lo vio tirado en la camilla con la polla dura como un tronco, supo que esa sesión de masaje se convertiría en un infierno de gemidos y corridas. Él le ordenó que se quitara la toalla con voz ronca mientras sus dedos se hundían en el borde del cojín, pero ella prefirió desobedecer: primero le lamió el glande con la punta de la lengua, saboreando cada gota de pre-semen que ya perlaba su verga morada. La brasileña no era de perder tiempo, así que se subió a horcajadas sobre su pecho, apretando esas tetas naturales contra su boca mientras él le mordisqueaba los pezones hasta que gritó como puta en celo. Pero el verdadero castigo comenzó cuando le ordenó que se pusiera en cuatro patas, ofreciéndole ese culo prieto y tatuado para empotrarlo sin piedad. Cada embestida le arrancaba un aullido que resonaba en las paredes de la sala, su coño chorreando como una fuente mientras él le agarraba las caderas con fuerza de bestia y la embestía hasta hacerla temblar. Entre gritos, le ordenó que se corriera sobre su lengua, y ella, obediente, expulsó un chorro caliente de jugos que le resbaló por la barbilla mientras él se la tragaba sin dejar ni una gota. Para rematar, le exigió que se arrodillara y se tragara toda su polla hasta el fondo de la garganta, ahogándose con sus gemidos ahogados mientras él le llenaba la boca con leche espesa que le escurría por las comisuras. Cuando por fin la soltó, ella quedó tirada en el suelo, exhausta, con el coño palpitante y el culo enrojecido de tanto azote, mientras él se limpiaba el sudor de la frente con una sonrisa de depravado satisfecho.