Mujer en rojo se deja empotrar duro en la azotea
La minifalda roja de la vecina era un imán para los ojos de todos los hombres del edificio, pero nadie se atrevía a acercarse hasta que él la vio subiendo las escaleras con esos tacones que marcaban cada curva de su culo perfecto. Ella lo miró con una sonrisa pícara mientras se mordía el labio, dejando claro que no quería hablar, sino que su polla ya estaba lista para entrar en acción. Sin perder tiempo, la empujó contra la pared de la azotea, le arrancó el tanga con los dientes y le metió los dedos en el coño bien mojado, haciendo que gimiera como una puta en celo. La levantó en peso, la sentó sobre su verga dura como roca y empezó a embestirla con fuerza, sintiendo cómo sus tetas rebotaban con cada golpe. Ella le clavaba las uñas en la espalda mientras gritaba '¡Más fuerte, cabrón!', y él obedeció, clavándosela hasta el fondo hasta que su polla empezó a latir y le llenó el coño de leche caliente. Se quedaron jadeando, con el sudor corriendo por sus cuerpos, hasta que ella le lamió los labios y le susurró: 'Esto no termina aquí, vecino'