Rion King domina a su hermanastra sumisa en la cama
La habitación estaba en silencio cuando me arrodillé frente a él, mi coño ya mojado de anticipación. Sabía que no podía negarme, que mi cuerpo le pertenecía desde el momento en que entró y cerró la puerta. Sus ojos me recorrieron con esa mirada de dueño, y yo bajé la vista, sabiendo que cualquier resistencia solo empeoraría mi castigo. Me ordenó quitarme la ropa sin decir una palabra, y mis manos temblaron mientras obedecía, dejando al descubierto mis tetas pequeñas y mi culo apretado. Se acercó y me agarró del pelo, jalándome hacia su polla ya dura, exigiendo que la chupara como una buena puta. Gemí alrededor de su verga mientras él empujaba mi cabeza hacia abajo, ahogándome con cada embestida hasta que las lágrimas rodaron por mis mejillas. Cuando me soltó, me empujó sobre la cama y me abrió las piernas de un tirón, metiendo dos dedos en mi coño sin avisar. Yo grité, pero él solo rio, diciendo que mi coño apretado era perfecto para lo que tenía planeado. Me dio vuelta y me empotró de rodillas, penetrándome hasta que mis muslos temblaron, sintiendo cada centímetro de su verga gruesa dentro de mí. Me azotó el culo mientras me follaba, marcando mi piel con sus dedos, y yo solo podía gemir y rogar que me dejara correrme. Cuando por fin me permitió, lo hice gritando, sintiendo cómo su leche caliente me llenaba por completo. Después, él se limpió con mi ropa y salió de la habitación sin decir nada, dejando mi cuerpo tembloroso y mi mente vacía, sabiendo que volvería por más.