Rose se masturba con deseo prohibido frente a mi polla
La luz de la lámpara parpadeaba mientras mi polla latía bajo los pantalones, imaginando lo que Rose estaba a punto de hacer. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos cruzar esa línea, pero el calor entre nosotros era demasiado intenso para resistir. Ella se sentó en la cama, con las piernas abiertas, y empezó a acariciarse el coño mojado con los dedos, gimiendo suave pero insistente. Yo me acerqué, sintiendo cómo mi verga se endurecía más al ver cómo se mordía el labio inferior, perdida en el placer. Sus tetas rebotaban con cada movimiento de su mano, y el sonido de sus dedos frotando su clítoris me volvía loco. No podía aguantar más, así que me bajé los pantalones y empecé a masturbarme frente a ella, mirándola fijamente mientras se retorcía de excitación. Rose aceleró el ritmo, metiendo dos dedos dentro de su coño mientras con la otra mano apretaba sus pezones. Yo me masturbaba más rápido, imaginando cómo sería enterrar mi polla en su coño caliente y apretado. El deseo prohibido nos consumía, y aunque sabíamos que esto no debía pasar, no podíamos parar. Ella gritó cuando llegó al orgasmo, y yo me corrí sobre su cuerpo tembloroso, marcándola como mía. La próxima vez, no habrá excusas: voy a follármela hasta que no pueda caminar.