Sofía Weber se reta a follar en la cocina con la polla de Martín Spell
La cocina estaba impecable, con los azulejos brillando bajo la luz del atardecer, pero yo solo pensaba en lo que iba a pasar cuando Martín Spell llegara. Me había puesto un vestido ajustado, sabiendo que se me subiría hasta la cintura en cuanto él me empotrara contra la encimera. Cuando entró, le lancé una mirada desafiante: '¿Crees que puedes manejarme?'. Él sonrió, sabiendo que yo no iba a ceder fácil. Empezó chupándome los pezones, mordisqueándolos hasta que gemí, pero yo le empujé hacia el suelo y me monté a horcajadas sobre su cara, frotando mi coño mojado contra su boca. 'Chúpame bien, cabrón', le ordené, sintiendo su lengua hundirse en mi raja mientras sus manos agarran mi culo. Me corrí en su boca, pero no era suficiente. Lo levanté y lo empujé contra la mesa, bajándole los pantalones para chuparle la polla hasta que estuvo dura como una roca. 'Ahora sí, métemela por el culo', le dije, inclinándome sobre la mesa con el vestido subido hasta la espalda. Él escupió en mi agujero y la metió de una estocada, haciendo que gritara, pero no me quejé. 'Más fuerte', le exigí, sintiendo cómo su verga gruesa me abría el culo mientras me embestía contra los platos que se caían al suelo. Me encantaba el sonido de los azulejos rompiéndose bajo mis rodillas, el crujido de la madera cuando él me agarraba de las caderas para clavársela hasta las pelotas. Cuando me corrí, él no aguantó más y se vació dentro de mí, llenándome el culo de leche caliente. Me di la vuelta y lo vi desplomarse en una silla, sudando y jadeando, pero con una sonrisa de victoria. Sabía que la próxima vez sería aún más intenso.