Tetas grandes dominando a un esclavo sumiso
Él no podía apartar la mirada de mis tetas grandes dominando cada centímetro de la habitación. Sabía que estaba perdido desde el momento en que entré, con mis pechos firmes y mis pezones duros bajo el encaje negro. Ori Brichell, mi esclavo favorito, se arrodilló sin que yo tuviera que decirle nada, sus labios temblorosos buscando permiso para tocarme. Le ordené que se quedara quieto mientras yo jugaba con mis tetas, apretándolas y dejando que rebotaran frente a su cara. '¿Te gustan mis tetas, perra?', le pregunté, y él asintió como un idiota, su polla ya dura contra el suelo. Le agarré del pelo y le obligué a chupar mis pezones hasta que gimió, sus manos atadas a la espalda. Mis tetas grandes dominando su boca, su aliento caliente haciéndome gemir. Lo monté como una yegua, frotando mi coño mojado contra su cara hasta que no pudo respirar. 'Traga, puta, traga todo', le grité mientras me corría en su lengua, sus ojos llenos de lágrimas de sumisión. Al final, solo quería más, verlo roto y obediente, sabiendo que nunca olvidaría el sabor de mi piel.