Tini se descubre a sí misma con un dildo monstruoso
Tini ni siquiera sabía que su coño podía abrirse tanto. Al principio jugaba con el juguete, rozando su clítoris con la punta mientras se mordía el labio, pero el descubrimiento vino cuando lo empujó más fuerte y sintió cómo su carne se estiraba alrededor del grosor del dildo. El primer gemido le salió sin querer, un sonido agudo que llenó la habitación mientras sus muslos temblaban. Nunca había probado algo tan grande, y ahora que la cabeza del juguetito estaba bien adentro, moviéndose en círculos, solo podía arquear la espalda y gemir más fuerte. Sus pechos pequeños botaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y el sonido húmedo de su coño tragándose el plástico no podía ser más obsceno. Cuando lo sacó un poco y lo volvió a meter de golpe, sintiendo cómo el juguete rozaba justo donde más lo necesitaba, sus piernas se abrieron sin control. El descubrimiento de que podía tomar algo así la volvió loca, y cuando empezó a follarla como una profesional, los gritos se hicieron más altos. El dildo entraba y salía a un ritmo que la hacía enloquecer, cada vez más rápido, hasta que el orgasmo le llegó de repente, tan intenso que tuvo que agarrarse el muslo para no caerse. El clímax la dejó sin aire, el coño palpitando alrededor del juguete como si no quisiera soltarlo, pero ya no podía moverse. En más de 10 minutos de escena, descubrió que su cuerpo guardaba secretos mucho más sucios de lo que imaginaba.