Vecina de culo enorme quiere montar mi verga sin parar
La vecina de trasero grande y curvilíneo no podía dejar de mirarme cada vez que salía al jardín, sus ojos se clavaban en mi entrepierna como si quisiera devorarme entero. Un día, al pasar por su casa, noté que la puerta estaba entreabierta y el olor a sexo flotaba en el aire, su tanga negro tirado en el suelo me dio la señal. Sin pensarlo, entré y la encontré desnuda sobre la cama, su coño goteando de lo mojada que estaba, sus tetas rebotando mientras se masturbaba con desesperación. No aguanto más y me abalancé sobre ella, mi polla dura como roca se hundió en su culo perfecto mientras gemía como una puta en celo. La agarré del pelo y la empotré contra la pared, cada embestida más fuerte que la anterior, sus gritos de placer resonaban en toda la casa. Sentí cómo su coño apretaba mi verga, su humedad chorreando por mis bolas, hasta que no pude más y me corrí dentro de ella, llenándola con mi leche caliente. Se dejó caer exhausta, su cuerpo temblando de satisfacción, pero ya sabía que esto no sería la última vez.