Vickyta me traicionó y yo la hice pagar con mi polla
Esa tarde en su cocina, mientras mi esposa dormía en la habitación, Vickyta me provocó con su lencería negra y sus labios pintados de rojo. Llevaba días coqueteando con Ivansyllo, el gil que se había pasado de copas en su despedida, y ahora quería hacerme sufrir. Pero yo no iba a quedarme callado. La empujé contra la mesa, le bajé el tanga de un tirón y le clavé los dedos en el coño mojado, gimiendo como una perra en celo. Su respiración se aceleró cuando le mordí los pezones hasta dejarlos marcados, mientras le susurraba al oído que el otro no la había follado como yo lo haría. Le abrí las piernas de par en par y le metí la lengua hasta el clítoris hinchado, chupando con fuerza hasta que empezó a temblar. Cuando ya no pudo aguantar, me bajé el pantalón y le empotrè la polla dura de una estocada, sintiendo cómo sus paredes se contraían alrededor de mi verga. La agarré del pelo y la obligué a mirarme mientras la embestía, golpeando su culo redondo con cada movimiento. Sus gemidos eran música para mis oídos, y supe que estaba pensando en Ivansyllo mientras yo la destrozaba, pero eso solo me puso más caliente. En más de 12 minutos de escena, la hice correrse dos veces, gritando mi nombre cada vez. Al final, mientras se derrumbaba sobre la mesa, supe que estaba imaginando que era él quien la había dejado así de mojada, pero yo fui el que se quedó con el premio.